El Monasterio cisterciense de La Oliva promueve las obras de restauración de la iglesia abacial. Esto supone llenar el espacio del templo con una estructura de andamios que impresiona. Hasta seis niveles o plantas para poder llegar a trabajar en las bóvedas de crucería de la nave central. Por el camino podemos casi tocar, acariciar al menos, muchos elementos que siempre vemos desde abajo y relativamente lejos.

Telaraña de metal para crear los 6 niveles o plantas de acceso a las zonas de trabajo.
Telaraña de metal para crear los 6 niveles o plantas de acceso a las zonas de trabajo.
Todo un lujo poder caminar por estas pasarelas.
Todo un lujo poder caminar por estas pasarelas.

Los capiteles y arcos formeros que separan la nave central de las laterales. Las ventanas altas, un lado sombrías y otro deslumbrantes de luz de mediodía. Los muros y los fustes del haz de columnas adosadas de los tramos centrales. Y un regalo especial que nos ofrece La Oliva: los bellos y variados capiteles de estas columnas que soportan el arranque de los arcos perpiaños y nervios diagonales de la cubierta.

La referencia del ábside pétreo asoma entre la maraña de hierros gracias a la luz.
La referencia del ábside pétreo asoma entre la maraña de hierros gracias a la luz.

Pero por encima de todo, y nunca mejor dicho, tocar las bóvedas de crucería de la nave central. Estamos en el nivel sexto y último. El espacio entre las chapas metálicas que hacen de suelo y la bóveda es muy reducido. Me he de agachar para salvar cada nervio diagonal o la clave central de cada tramo. La temperatura es alta y la estratificación del calor hace que se concentre en la concavidad de las bóvedas. Jamás se me hubiera ocurrido pensar en ello… hasta que lo he experimentado en mi propio cuerpo.

El lugar más espectacular. Imposible olvidarlo.
El lugar más espectacular. Imposible olvidarlo.

Lo mejor es sentarse y observar. Mirar desde una perspectiva insólita. Me doy cuenta de la verdadera dimensión de las piedras, de las dovelas de los arcos, de la clave, de los capiteles altos que ahora veo mirando hacia abajo y de las ventanas. Todo es mucho más grande de lo que nos parece a nivel de suelo.

Como arquitecto estoy acostumbrado a las obras... pero como esta ninguna.
Como arquitecto estoy acostumbrado a las obras… pero como esta ninguna.

Una experiencia única que me ha aportado nuevos conocimientos constructivos. Básicamente comprender mejor el tamaño real de los elementos y su relación tectónica. Y experimentar el espacio desde puntos de vista “irreales”, incluyendo la visión del crucero y la cabecera de la iglesia desde arriba.

Cabecera de la iglesia de La Oliva.
Cabecera de la iglesia de La Oliva.
Visión a izquierda y derecha de la cabecera y el transepto.
Visión a izquierda y derecha de la cabecera y el transepto.

Me siento muy afortunado de haber podido visitar esta obra. Y ha sido posible gracias a Sara Brun, creativa y cineasta, mujer culta y llena de energía unida desde niña al Monasterio de La Oliva. Gracias, muchísimas gracias Sara.

Link de la empresa constructora que está ejecutando las obras: http://leache.com/